No podía ser de otro modo;  Jose Molares consigue emocionar de nuevo  con una escultura pensada y diseñada para estar a pie de calle.   Una escultura  que se hace presente desde el primer momento por su magnífica expresión.  Arte que nos coloca en pleno siglo XXI el particular rostro de Rosalia de Castro.

No es la primera vez que el autor consigue hacerse un hueco en nuestras calles;  y hay que reconocer que está siendo un verdadero “imprescindible” para el urbanismo actual.   Su escultura urbanita nos muestra el sentido más humano de las ciudades que engalana;  nos posiciona como seres humanos, cerca de la gente, cerca de un pensamiento limpio y sencillo de la figura humana.  Enhorabuena escultor por el magnífico trabajo de “humanizar” nuestras ciudades con expresiones infinitas, y grandes obras salidas del corazón.

 

 

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